Por Lorena Peláez – Simplelife Organizers

EN BUSCA DEL ORDEN INTERIOR

La limpieza doméstica diaria es una de las prácticas más antiguas y básicas en el Budismo Japonés cuya filosofía enfatiza el poder de la limpieza en la búsqueda del orden interior y la espiritualidad.

Numerosos psicólogos y psiquiatras recomiendan a sus clientes que limpien sus entornos domésticos a diario pues la miseria y la suciedad representan en muchas ocasiones síntomas de carga, de desdicha y conflicto personal.

Las rutinas de barrer, limpiar, lavar y ordenar pueden convertirse en un paso en el camino hacia la paz y nuestro orden interior.

No es posible separar nuestro yo de nuestro entorno y orden externo, y por tanto, la limpieza y el orden significan nuestro respeto y sentido de integridad con el mundo que nos rodea y con nosotros mismos.

Del mismo modo que en la práctica de la meditación no hay un punto final, con la limpieza tampoco.

Después de haber limpiado meticulosamente nuestro jardín, las hojas y el polvo comienzan a acumularse de nuevo. De igual manera, después de sentirnos tranquilos y en paz con nosotros mismos, la ira y la ansiedad pueden volver a nuestra mente en cualquier momento, así que seguimos limpiando para recuperar nuestra paz interior.

El monje budista japonés Keisuke Matsumoto y autor del Best Seller Manual de limpieza de un monje budista, nos brinda un decálogo de recomendaciones y claves para encontrar la armonía y la serenidad, realizando las tareas domésticas de forma atenta y consciente, eliminando las impurezas que nublan nuestro espíritu.

Sin movernos de casa podemos purificar nuestra alma, transformando las tareas del hogar en un ejercicio espiritual.

DECÁLOGO DE LA LIMPIEZA CONSCIENTE

  1. Quienes no cuidan los objetos, tampoco cuidan de las personas. Cualquier objeto ha sido creado con esfuerzo y dedicación. Cuando limpiemos o pongamos orden, debemos tratar las cosas con cuidado.
  2. Tengamos gratitud hacia las cosas que nos han sido útiles y, cuando realmente no las necesitemos, hagámoslas resplandecer con una nueva luz dándoselas a quien pueda hacer buen uso de ellas.
  3. La limpieza debe hacerse a primera hora de la mañana. Si empezamos en silencio, rodeados por la calma, cuando la vegetación y las personas de alrededor aún duermen, nuestro corazón se sentirá en paz y nuestra mente despejada.
  4. Por la noche, antes de irnos a dormir, debemos recoger, guardar y ordenar las cosas que hemos utilizado y desordenado durante el día, para dejarlas tal y como estaban, y facilitar la limpieza al día siguiente.
  5. Puede que al principio nos cueste, pero si conseguimos limpiar por la mañana y ordenar por la noche, notaremos como nuestro espíritu y cuerpo se mantienen despejados a lo largo del día y podremos disfrutar de una espléndida jornada.
  6. Antes de limpiar, hay que abrir las ventanas y ventilar para purificar el aire. Sentir en la piel la frescura del aire que entra, hace que uno se sienta más despierto y puro y, si llenamos con éste los pulmones, las ganas de limpiar surgen de forma natural.
  7. El aire que entra es templado y agradable en primavera y otoño, bochornoso en verano y gélido en invierno, pero sentir su benevolencia y su dureza en nuestra piel nos pone en contacto con nuestra fragilidad humana, la Naturaleza y la fuerza de la vida.
  8. Para respetar la vida, evitando que proliferen los insectos y tener que matarlos innecesariamente, debemos recoger después de las comidas, tirar la basura orgánica, evitar que se acumule el agua en sitios y recipientes y podar bien la vegetación.
  9. En vez de arrepentirnos del pasado o preocuparnos por el futuro, debemos vivir plenamente el ahora y esforzarnos por no arrepentirnos mañana. Aplicado a purificar el espíritu mediante la limpieza sería: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
  10. Repartir y rotar la limpieza ente todos los miembros de la familia ayuda a valorar lo que los demás hacen por nosotros. Comprender que nuestras existencias dependen unas de otras nos ayuda a trabajar en equipo y a hacer las cosas pensando en los otros.

Barremos el polvo para remover nuestros deseos terrenales.
Fregamos la suciedad para liberarnos de nuestras ataduras.
Vivimos simplemente y tomamos tiempo para contemplar al yo.

«Sin limpieza y sin orden no hay vida»

Autor: Lorena Peláez Valdés

Organizadora Profesional
Palma de Mallorca

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